Aparecido en 1993

The Pastels bien podrían ser el eslabón perdido que conecta The Ramones con los primeros Belle and Sebastian. Una banda que se sitúa en el impreciso dominio del post punk que dio como resultado el nacimiento de orgullosas bandas pop lo-fi que no tenían que pedirle disculpas a nadie. En ese espacio intermedio hay guitarras, distorsión brumosa y melodías desafinadas que se cantan con el entusiasmo de crooner de ducha. Justo ahí están The Pastels.

Como todo adolescente bien encaminado, Stephen Mc Robbie quería tener una banda. Comenzaban los ochentas en Glasgow, y entre sus discos estaban The Modern Lovers y Television Personalities. Con Annabel Wright (aka Aggi) formarían la unidad base de The Pastels, que cambiaría muchas veces de integrantes con los años. La banda lanzó en 1982 su primer single “Songs for children”, nada menos que a través del Whaam!, el sello de Television Personalities. Al mismo tiempo, un juvenil Bobby Gillespie (Primal Scream) los incluyó en un ciclo de bandas nuevas que estaba haciendo en The Candy Club en Glasgow -el bar del grandísimo Nick Lowe -, y ahí partió todo.

En realidad, la partida fue con delay: durante los ochentas The Pastels sacaron casi puros singles de nula ambición rocanrolera, con guitarras de baja fidelidad y centradas en la desafinada voz de Pastel. The Jesus and Mary Chain fueron sus primeros fans y crearían alianzas con bandas seminales como The Vaselines y luego con los norteamericanos Beat Happening. A su vez, pasaron durante esa década por lo menos por siete sellos, entre ellos Rough Trade, Creation Records –de donde salen furiosos con su fundador, Alan McGee- y hasta armaron el propio llamado 53rd and 3rd, en honor a The Ramones. Peleador, Stephen explicó estos constantes portazos de salida porque querían hacer la música que les gustaba y no estaban dispuestos a que los sellos los juzgaran en comparación con otras bandas.

Para el final de la década sólo habían editado dos discos: Up with de The Pastels (Big Time, 1987) y Sitting Pretty (Homestead, 1989), mayormente basados en sus singles. Entremedio, fueron etiquetados, muy a su pesar, en el dudoso movimiento C86, creado por el semanario británico New Musical Express. En 1986, esa revista sacó un casete que compilaba suaves bandas pop de guitarras, estilo que más tarde sería englobado como anorak pop. En el caso de The Pastels pareció una extraña movida curatorial: ese mismo año la NME se refería a la banda como unos “llorones desafinados con letras horribles”. Stephen Pastel, contraatacando en su estilo tan brit, definiría todo ese alboroto creado por la NME como aburridas bandas copiándose entre ellas, que según él, además, tenían una repelente posición asexual y que terminaron generando grupos que parecían vírgenes paranoicas, como los de Sarah Records. Auch.

A truck load of trouble: 1986-1993 surge justamente desde ahí. Emocional y guitarrero, el disco entero está cruzado por una actitud que se ubica en el polo opuesto de la testosterona roncanrolera. Con canciones de nombres como “Thank you for being you” o “Not Unloved”, Stephen Pastel se muestra como precursor del músico indie sensible que se abriría paso en los noventas. Él mismo reconocería a NME, el año del lanzamiento del disco, que tenían problemas con las bandas que eran demasiado masculinas y que toda la historia de The Pastels se había tratado de balancear el input masculino y femenino. Esto se hace evidente en “Different drum”, donde llega a unas alturas tragicómicas al decir “No estoy diciendo que no seas bonita / sólo estoy diciendo que no estoy listo para ninguna persona, lugar o cosa que trate de poner un anillo en mí”. Un caballero.

Desfachatadamente simples, las letras de la banda vuelven una y otra vez con entusiasmo de jovenzuelos sobre las cosas que les gustan: sexo (“Nothing to be done”), pistas de carreras (“Speedway star”), motos (“Speeding motorcycle”, de Daniel Johnston, en una versión tremenda) o hasta incendios (en la sorprendentemente drone-pop “Firebell ringing”). Para Pastel -como declaraba a fines de los ochentas- las letras no eran tan importantes: prefería escribir palabras simples alrededor de una gran canción que quedarse sentado en la pieza como un poeta de 14 años que quiere que su profesor lo admire.

Definiéndose a sí mismos con ironía como retardados musicales, The Pastels en A truck load of trouble tienen clarísimas sus limitaciones y no van hacer nada para mejorarlas. Este es un disco que muestra a una banda que se gusta a si misma tal cual es y que sacan lo mejor de su sonido siendo ellos mismos. Más guitarras, punteos, instrumentos de juguetes, coros chico-chica y muchísimo reverb, al final dan como resultado canciones sin rastros de arrugas (la shoegazer “Crawl babies” o la casi brit pop “Trucktrain tractor”), y que dejan a quienes escuchamos este compilado con una estupenda sensación de smells like teen spirit otra vez.

Para The Pastels la palabra “calidad” nunca fue determinante. En el período que compila A truck load of trouble tenían claro que hacían música con sentimiento y que, a lo más, podían definirse como genuinos: guitarras como el mejor medio de expresión, sonido lo-fi y actitud DIY. Precisamente lo que les entregó el punk y que ellos después, junto a otros outsiders, ayudarían a trasmutar en indie pop. Notable.

MP3: The Pastels – “Speeding Motorcycle”

VIDEO: The Pastels – “Crawl Babies”