Recordando a Mc Carthy, Bush y sus “axes of evil,” la industria discográfica alarga sus tentáculos y continúa con la persecución a los P2P, ahora en Argentina. Porque no fue suficiente demandar a niñas de 12 años en Nueva York por bajar canciones de Beyoncé. Y tampoco que se demostrara que Apple pudo hacer negocio redondo con sus ventas en Itunes: hay que seguir combatiendo a los piratas ladrones de canciones. Como publica el diario argentino Página 12 en su artículo “Argentina, la Normandía de la guerra de los mp3s“, el director de Capif (Cámara Argentina de Productores e Industriales de Fonogramas) anunció una serie de demandas contra los usuarias argentinos de programas de intercambio de archivos más populares como Kazaa y Soulseek. Gabriel Salcedo -al parecer contagiado por la visita de Hugo Chavez- declara “El perfil de bajadores que predomina es de jóvenes de 20 a 25 años que tienen banda ancha hogareña, de clase media y media alta. No estamos demandando a pobres tipos, sino a aquellos que claramente pueden comprar discos y no lo hacen porque no les da la gana, porque se los pueden bajar.” Ahora bien, estos tipos son los que mueven la industria musical, que bajan discos y -oh,sorpresa- y se los compran. Y también estos son los tipos que hacen música y que reciben dos pesos por disco. El artículo pone atención sobre el papel de los conglomerados de grandes sellos y grupos radiales sudamericanos que dominan la industria, y a los que claramente les beneficia iniciativas como esta que buscan revertir al caída en sus ventas. Y deja el interrogante de qué hay detrás de estas iracundas cruzadas cuando firmas como Musimundo y el Grupo Ilhsa puede fijar arbitrariamente el precio de los discos al precio que les de la gana.

¿Cuánto tiempo faltará para que este tipo de Guerra Santa llegue a Chile? ¿Somos el segmento de 20-25 años clase media unos criminales abusivos y abúlicos?