Fotos: Pablo Zamora

Canciones Inexplicables se llama el compilado doble que el sello nacional Infanta Terrible lanzó este mes para resumir los 7 años de la carrera de Nacho Vegas. 23 piezas que sintetizan lo mejor de la discografía del asturiano, uno de los cantautores más prolíficos y lúcidos de su generación, y que en Chile logró notoriedad a través de los compilados de la revista Rock de Lux, donde ha sido portada en tres oportunidades.

Con la excusa de este lanzamiento, Nacho Vegas respondió al otro lado de la línea las inquietudes de Super 45. Era su décima entrevista en medio un agotador día de promoción, pero no fue impedimento para una amena conversación con nuestro colaborador histórico, Pablo Rosenzvaig. Aquí, el resultado:

-¿Qué piensas de los periodistas que te consideran una persona atormentada?

-Bueno, no lo sé. Supongo que es una visión reduccionista del carácter. Creo que, si escuchas las canciones, verás que hay siempre un resto de esperanza. No me preocupan demasiado esas consideraciones, la verdad.

-¿Podrías decirnos si es casualidad que el recopilatorio comience con “Actos inexplicables”, una canción que suena a western y es la única instrumental de todo el disco?

– Claro. No es casual. Hay una historia que viene de cuando me encargaron una banda sonora para una película y al director no le gustó. Ése fue el inicio de “Actos inexplicables”.

-Es algo así como los créditos del disco, haciéndole un guiño a Morricone…

Mark Eitzel decía que si supiera responder las razones de haber escrito una letra, entonces tal vez no la hubiera escrito.

-¿Te molesta que te pregunten acerca de cuánto de autobiografía hay en tus letras?

-Comparto lo de Mark. Las canciones son aquello que no se puede verbalizar.

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-Es un poco como ese verso donde dices: “por hoy me dejaré de oir de lo que en mí llamo yo”.

-Sí, claro, es la necesidad de huir de uno. El peso de la conciencia de uno mismo. Pessoa decía algo así como “si nos cansamos de estar en los lugares, cómo no nos vamos a cansar de estar en nosotros mismos”. La paradoja de las canciones es que son tanto autoconocimiento como escape.

-Es primera vez que se edita un disco tuyo en Chile y, sin embargo, existe hasta un grupo en Facebook llamado “Que venga Nacho Vegas a Chile”. Gran parte de esa gente te empezó a conocer gracias a la revista Rock de Lux. ¿En España tuvo un lugar así de importante?

-La escena que surgió en los ’90 fue una renovación, compuesta por músicos, escritores y guionistas. Todos nos conocíamos. Algunos empezaron a hacer de promotores y muchos de los que empezaron o terminaron escribiendo son aquellos de la Rock de Lux. Esa es la relación que nos emparenta.

-Si todo lo que alcanzas a ver te sobrevivirá (como dices en “Molinos y gigantes”), ¿escribir canciones es en algo un acto de sobrevivencia? ¿Podrías estar haciendo otra cosa?

-Ufffff. No sé. Para mí hacer canciones es librarle una batalla al tiempo. Siempre seremos polvo, por lo que es una guerra ya perdida. Escribir canciones es intentar que el tiempo se detenga.

-Hay mucho de literatura y de cine que se cuela incluso en los títulos de tus discos. Como por ejemplo, Bret Easton Ellis en “Desaparezca aquí” y “Esto no es una salida”. ¿Qué libros te han influido?

– En mi segundo álbum se colaron demasiadas referencias de Moby Dick. Y mi EP llamado Las Inmensas Preguntas tiene que ver con el libro de Cisneros llamado Las Inmensas Preguntas Celestes… . No sé qué más decir.

-¿Tienes alguna idea de por qué “El Ángel Simón” ha sido erigida casi como un himno?

– Me sorprende lo que pasó con esa canción. Es larga. No tiene estribillo. Cuando estábamos haciendo las maquetas, el productor decía que la gente no le va a hacer caso a las letras. Y mira lo que pasó.

VIDEO: Nacho Vegas – “El ángel Simón”